COPA MUNDIAL FIFA 2026
El verdadero juego limpio comienza fuera del terreno de juego
El legado del torneo en Canadá, Estados Unidos y México
y la nueva responsabilidad
del deporte profesional.
Miguel Angel Encinas
Madrid, Julio 2026
3
La Copa Mundial de la FIFA 2026 ya forma parte de la historia. Más allá de la emoción que dejó sobre el césped, el torneo ha recordado el extraordinario poder del deporte para unir culturas, inspirar a millones de personas y proyectar valores que trascienden el resultado de un partido.
La victoria de la selección española ha sido reconocida por buena parte de la prensa y de numerosos analistas internacionales como el triunfo de un equipo que hizo del juego colectivo, la cohesión y el compromiso con una idea común su principal fortaleza. Quizá esa sea también una de las enseñanzas más valiosas que deja este Mundial:
Los grandes resultados rara vez son fruto del talento individual; nacen de organizaciones capaces de generar confianza, compartir un propósito y trabajar con coherencia.



Esa misma reflexión resulta hoy especialmente pertinente para la industria del deporte.
Durante años, la responsabilidad social se identificó con fundaciones, campañas solidarias o iniciativas de carácter filantrópico. Todas ellas han contribuido a mejorar la vida de muchas personas, pero el verdadero cambio comienza cuando la responsabilidad social deja de ser un conjunto de acciones aisladas y pasa a formar parte del modelo de gestión de una organización.
La cuestión ya no es cuánto invierte un club en proyectos sociales, sino cómo toma sus decisiones: cómo gobierna la organización, cómo selecciona a sus socios y patrocinadores, cómo protege los derechos de las personas, cómo gestiona su impacto ambiental y cómo construye relaciones de confianza con sus aficionados y con las comunidades de las que forma parte.
Hace ya algunos años, Michael Porter y Mark Kramer explicaban que las organizaciones generan su mayor impacto cuando crean simultáneamente valor económico y valor para la sociedad. Esa idea resulta especialmente relevante para el deporte profesional. Gestionar con criterios de responsabilidad social no significa renunciar a la competitividad; significa fortalecerla mediante la creación de valor compartido.
En realidad, la responsabilidad social y el éxito sostenible convergen en un mismo punto: la confianza.
La confianza fortalece la relación con los aficionados, atrae patrocinadores comprometidos, facilita la colaboración con las instituciones, reduce riesgos y consolida la legitimidad de las organizaciones. Se ha convertido en uno de los activos estratégicos más valiosos para cualquier club, liga o competición.
Precisamente por ello, conceptos como greenwashing, socialwashing o sportswashing nos recuerdan que la sociedad ya no juzga únicamente lo que las organizaciones dicen, sino, sobre todo, la coherencia entre sus discursos y sus decisiones.

Hajime Moriyasu, director técnico de Japón, tras la derrota con Brasil pidió disculpas a sus jugadores y afición al sentir la necesidad de asumir la responsabilidad.
El mayor legado que puede dejar una Copa Mundial no reside únicamente en los títulos conquistados o en las cifras de audiencia. Reside en impulsar una nueva forma de entender el liderazgo del deporte profesional, basada en la ética, la transparencia y la creación de valor compartido.
Porque el verdadero juego limpio comienza mucho antes del pitido inicial. Empieza en la manera en que las organizaciones toman sus decisiones y continúa en la confianza que son capaces de generar. Y es precisamente esa confianza la que puede convertir al deporte en una de las mayores fuerzas para construir bienestar, dentro y fuera del terreno de juego.
Fotos: Wikimedia
RECOMENDACIÓN
