Igualdad salarial: cuando el trabajo
debe tener el mismo valor

El Día Internacional de la Igualdad Salarial nos recuerda
que cerrar la brecha entre mujeres y hombres no es solo
una cuestión de justicia, sino también de bienestar
y de organizaciones más responsables.

Miguel Angel Encinas
Septiembre 2026
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Hay desigualdades que pueden resultar difíciles de ver. No siempre aparecen en una nómina, en un contrato o en una oferta de empleo, pero terminan reflejándose en las oportunidades que unas personas y otras encuentran a lo largo de su vida profesional. La brecha salarial entre mujeres y hombres es una de ellas.

Cada 18 de septiembre, el Día Internacional de la Igualdad Salarial nos invita a detenernos sobre esta realidad. Naciones Unidas estableció esta fecha para recordar el camino recorrido y, sobre todo, la necesidad de seguir avanzando hacia un principio tan sencillo como fundamental: igual remuneración por trabajo de igual valor.

La cuestión no consiste únicamente en comprobar si dos personas que desempeñan exactamente el mismo puesto reciben el mismo salario.

La desigualdad también puede aparecer cuando trabajos diferentes requieren capacidades, responsabilidades, esfuerzo o condiciones similares y, sin embargo, son valorados y remunerados de manera distinta. Por eso la brecha salarial es un fenómeno más complejo de lo que a primera vista podría parecer.

En América Latina y el Caribe, además, sigue siendo una realidad significativa. El Banco Mundial señala que las mujeres de la región ganan, en promedio, alrededor de 70 centavos por cada dólar que ganan los hombres. Y cuando el análisis tiene en cuenta también quién puede acceder al mercado laboral y quién queda fuera de él, la dimensión de la desigualdad resulta todavía mayor.

Ingreso medio laboral de
las mujeres en relación a
los hombres según grupos de edad

América Latina 2024 (promedio)

Por cada $10 que gana un hombre, una mujer recibe:

Detrás de estas diferencias encontramos factores que van mucho más allá del salario. La concentración de mujeres y hombres en ocupaciones diferentes, las dificultades para acceder a determinados puestos de responsabilidad, los sesgos de género o la desigual distribución de las tareas de cuidado pueden condicionar las trayectorias profesionales y, con ellas, los ingresos presentes y futuros. El BID identifica precisamente algunos de estos factores como elementos relevantes para comprender la brecha de ingresos laborales en la región.

Por eso, reducir la brecha salarial no consiste solamente en corregir una cifra. Significa revisar cómo contratamos, cómo promocionamos, cómo valoramos los puestos de trabajo y cómo conciliamos la vida profesional y personal. También significa avanzar hacia una mayor transparencia salarial y crear entornos en los que las oportunidades de desarrollo no estén condicionadas por el género. La OIT señala estas medidas, junto con el diálogo social y la corresponsabilidad en los cuidados, entre las vías para avanzar.

Para las empresas, asumir este reto no debería entenderse únicamente como una obligación legal o una cuestión reputacional.

Una organización que reconoce adecuadamente el valor del trabajo ofrece oportunidades en condiciones de igualdad y aprovecha todo el talento disponible es también una organización más justa, más inclusiva y con mejores condiciones para generar bienestar.

Quizá por eso el Día Internacional de la Igualdad Salarial nos plantea una pregunta que va más allá de cuánto cobra cada persona: ¿qué valor damos realmente al trabajo que realizan mujeres y hombres?

Responderla con honestidad exige mirar nuestras organizaciones, identificar las desigualdades que todavía persisten y actuar sobre ellas.

Porque hablar de igualdad salarial es, en definitiva, hablar de algo mucho más amplio: de reconocer el mismo valor, ofrecer las mismas oportunidades y construir un mundo del trabajo en el que el bienestar no dependa del género.

Nota del autor

Para la elaboración de este editorial se revisaron algunos artículos y textos del Banco Mundial, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Naciones Unidas entre otros.

Gráfico: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAD), CEPALSTAT,
sobre la base de Banco de Datos de Encuestas de Hogares (BADEHOG). Última actualización Nov 2025