MUJERES

¿Qué va a ser,
niño o niña?
,
maternar en los márgenes

Un homenaje a quienes les ha tocado criar
desde los bordes de la sociedad

Virginia Ariemma
Miami, Mayo 2026
3

La maternidad generalmente comienza con un ¿qué va a ser, niño o niña?, incluso antes del nombre y antes de cualquier certeza. Y con esa misma ingenuidad, se repite una y otra vez una respuesta genérica: lo que sea, pero que venga sanito.
Y aunque queramos justificar que estas frases son tan solo retóricas, terminan revelando sin querer, lo estrecho del mundo que imaginamos para la criatura que aún no ha llegado.

Sanito significa completo. Completo significa normativo. Y normativo implica que no tendrá que pelear por su lugar, y que la experiencia de la maternidad será un hilo de fotos de revista.

Pero este intercambio común no es culpa de nadie en particular. Refleja un marco de referencia construido durante siglos, en torno a un cuerpo ideal, una mente ideal y una identidad ideal. Un modelo hegemónico que se presenta como el punto de partida natural, como si las otras formas de existir fueran variaciones que deben justificarse. Desde ahí surge la expectativa, y desde ahí también se recibe la noticia de que la criatura en camino será distinta a lo esperado.

Lo que viene después es complejo y merece ser dicho con cuidado: hay una carga silenciosa que recae sobre quien lleva la barriga. Como si el cuerpo que gestó fuera también responsable del resultado. Como si la genética, la epigenética, el azar y la enorme diversidad de lo humano fueran variables que una madre debería haber podido controlar. No es una acusación explícita, casi nunca. Es una mirada. Una pregunta que no se formula. Un silencio en la sala de espera. Pero se siente.

Mayo es el mes global del Día de la Madre, entre 60 y 80 países lo celebran, aunque no todos los países coinciden en el mismo día, pero representan más de la mitad del mundo.

Mientras tanto, la madre se da cuenta de que el mundo tampoco estaba preparado. Que las estructuras —médicas, educativas, sociales— fueron diseñadas pensando en ese cuerpo ideal, que se comporta y se expresa dentro del marco de lo normal. Y lo que no encaja en el modelo no está contemplado y tiene que abrirse camino, solicitando espacio y demostrando que merece estar.

Maternar desde ahí no es un recorrido distinto al de otras madres: es un viaje que además carga con el peso de un sistema que no abraza la humanidad en su plenitud. Los retos tampoco son fijos. Cambian con la infancia, con la adolescencia, con cada nueva etapa que trae sus propias preguntas y sistemas que volver a negociar. No se aprende una vez. Se aprende sin parar, muchas veces sola, muchas veces contracorriente.

Esta breve reflexión es un reconocimiento para todas las madres que emprendieron ese camino sin haberlo elegido del todo y que encontraron en él una forma de amor que amplió su manera de ver el mundo. A las madres que aprendieron solas lo que nadie les enseñó. A las que tuvieron que pelear por lo que debería ser un derecho. Y también es una invitación colectiva: porque maternar un mundo más habitable no es responsabilidad solo de quienes cargan con el peso de la diferencia.

¿Qué opinas tú?
Si eres madre, por favor comenta…