ALBA SEGURA ZAMORA
ALBA SEGURA ZAMORA
Respirar aire limpio, un privilegio que no debería serlo
Cada vez son menos los lugares y los momentos en los que tenemos la oportunidad de respirar aire verdaderamente limpio y disfrutar de un cielo azul, nos dice esta Ingeniera Ambiental y Profesionista en Sostenibilidad y ESG, quien preside la Comisión de Sostenibilidad de la Cámara Española de Comercio en México y nos invita a reflexionar en base a los muchos ‘techos azules’ que ha conocido.
Colaboración especial
Septiembre 2026
6
El Día Internacional para un Aire Limpio por un Cielo Azúl, este septiembre, quizá sea la efeméride más poética.
En las zonas urbanas nos hemos acostumbrado, poco a poco, a convivir con los contaminantes atmosféricos. Incluso hemos llegado a normalizarlos. Sin embargo, cuando una persona que vive en una zona no urbana llega a una gran ciudad, muchas veces experimenta de inmediato algunos de sus efectos: irritación de las fosas nasales, ojos llorosos o irritados, molestias respiratorias, entre otros.
Pero el hecho de que quienes vivimos en las ciudades nos hayamos “adaptado” no significa que la contaminación haya dejado de afectarnos. La exposición continua puede tener efectos sobre el sistema respiratorio y cardiovascular, los ojos y la piel, además de contribuir al deterioro de nuestra salud a largo plazo.
Entre los principales contaminantes atmosféricos se encuentran las partículas suspendidas PM10 y PM2.5, el dióxido de azufre (SO₂), el dióxido de nitrógeno (NO₂), el monóxido de carbono (CO) y el ozono (O₃). Este último es un contaminante secundario que se forma en la atmósfera mediante reacciones químicas entre otros contaminantes y la radiación solar.


Estos contaminantes están sujetos a normas de salud ambiental y son monitoreados mediante estaciones distribuidas en diferentes regiones del país a través del Sistema Nacional de Información de la Calidad del Aire (SINAICA).
De acuerdo con el Informe Nacional de la Calidad del Aire 2023 del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), uno de los reportes nacionales más recientes disponibles, los contaminantes que presentan mayores incumplimientos respecto de las normas de salud son, principalmente, las partículas PM10, PM2.5, el ozono y el dióxido de nitrógeno.
¿De dónde proviene esta contaminación?
Una parte importante de estos contaminantes está relacionada con la combustión de combustibles fósiles: procesos industriales, generación de energía y, particularmente, los motores de los vehículos automotores.
A ello se suman otras fuentes que en los últimos años han adquirido mayor relevancia, como los incendios forestales y las emisiones de polvo y partículas asociadas con actividades de construcción y demolición en las ciudades.
El crecimiento urbano y la expansión de la actividad industrial también han transformado nuestro entorno.
En la Ciudad de México, desde la década de 1970 comenzaron a reubicarse diversas industrias que se encontraban en zonas industriales de la Zona Metropolitana del Valle de México (ahora con 84 demarcaciones de 4 entidades). Este proceso se aceleró después del terremoto de 1985 y contribuyó, junto con otros factores económicos y territoriales, a la expansión industrial hacia otras regiones del país.
Hoy encontramos importantes corredores y zonas industriales en lugares como Monterrey, Toluca, Altamira–Ciudad Madero–Tampico, Cadereyta y muchas otras ciudades.
El automóvil: comodidad que también tiene un costo
Otro factor fundamental es el crecimiento del parque vehicular. Al cierre de 2025, el parque vehicular de México alcanzó aproximadamente 36.1 millones de unidades, mientras que durante ese mismo año se comercializaron 1,524,583 vehículos ligeros nuevos, de acuerdo con cifras del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) y AMDA (Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores).
Tenemos cada vez más facilidades para adquirir un automóvil y, con ello, hemos privilegiado la comodidad y la movilidad individual. Muchas veces preferimos asumir el costo económico de un vehículo —incluso durante varios años— antes que utilizar el transporte público.
Y lo digo también desde mi propia experiencia.
Desde niña, mi familia y yo utilizábamos el transporte público porque no teníamos automóvil. Durante las últimas dos décadas he tenido la oportunidad de movilizarme en vehículo propio y también de utilizar el transporte público en diferentes países.
Y sí: México todavía tiene enormes áreas de oportunidad en materia de transporte público.
Pero también he aprendido que el transporte público puede ser una de las alternativas más eficientes y económicas para trasladarnos, particularmente en ciudades donde el crecimiento del parque vehicular ha llevado al colapso de muchas vialidades.



En numerosas ocasiones, el automóvil y el transporte público terminan tardando prácticamente lo mismo en llegar a un destino.
Hoy, nuevamente estoy utilizando el transporte público y algo me ha sorprendido, he vuelto a experimentar sus beneficios: camino más, ya no soy tan sedentaria, mis niveles de estrés han disminuido, tengo mayor movilidad, y, sobre todo, disfruto más el recorrido cotidiano: observo mi entorno, conozco mejor la ciudad y tengo la oportunidad de conectar con otras personas.
Tal vez no se trata únicamente de cómo nos trasladamos, sino de cómo queremos vivir nuestras ciudades.
La contaminación también está dentro de nuestros hogares
Cuando hablamos de contaminación atmosférica solemos pensar en las grandes ciudades, en los automóviles, las industrias o las chimeneas.
Millones de personas continúan cocinando o calentándose mediante la quema de leña, carbón, queroseno y otros combustibles de biomasa. La exposición puede ser particularmente intensa porque ocurre en espacios interiores y, en muchos casos, durante periodos prolongados.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación del aire ambiental y la contaminación del aire en los hogares están asociadas con millones de muertes prematuras cada año.
Ante esta realidad, existen iniciativas de organizaciones y fundaciones que trabajan con comunidades para facilitar el acceso a tecnologías de cocción más limpias y eficientes, reduciendo así la exposición al humo y a los contaminantes generados por la combustión.
Un problema ambiental que también es un problema de salud
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA/UNEP) ha señalado a la contaminación como uno de los principales riesgos ambientales para la salud de nuestro tiempo.
La exposición prolongada a contaminantes atmosféricos puede incrementar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, accidentes cerebrovasculares, cáncer y otros problemas de salud.
Por eso, hablar de calidad del aire no es solamente hablar de medio ambiente, es hablar de salud, es hablar de calidad de vida, es hablar de nuestras ciudades, y también es hablar de nuestras decisiones cotidianas.
¿Qué podemos hacer?
Debe existir un esfuerzo colectivo entre los gobiernos, las instituciones educativas y el sector industrial para impulsar una verdadera transición energética, reducir progresivamente la dependencia de los combustibles fósiles, fortalecer la educación ambiental a nivel global y acelerar la adopción de energía eléctrica proveniente de fuentes limpias y renovables. Solo mediante la colaboración y el compromiso de todos los sectores podremos avanzar hacia un modelo energético más sostenible, resiliente y compatible con la protección de nuestra salud y del medio ambiente.
No podemos resolver individualmente un problema de dimensiones globales. Pero eso no significa que nuestras acciones sean irrelevantes.
Cada decisión cuenta, podemos: reducir nuestros patrones de consumo y, con ello, disminuir la cantidad de residuos que generamos; reutilizar materiales y plásticos siempre que sea posible; elegir, cuando nuestras condiciones lo permitan, una alimentación con mayor presencia de alimentos de origen vegetal; utilizar el transporte público, caminar o utilizar la bicicleta; consumir la energía de manera más eficiente; apoyar iniciativas que promuevan una mejor calidad del aire; y, algo que considero fundamental, hablar de estos temas con otras personas.
Porque la sostenibilidad también se construye a través de la conciencia.
Quizá algún día respirar aire limpio, ver un cielo azul y caminar por una ciudad sin sentir los efectos de la contaminación deje de ser un privilegio.
Y se convierta, simplemente, en algo que todos podamos dar por hecho.
Respirar aire limpio, debería ser un derecho, no un privilegio.
Fotos: Alba Segura Zamora
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