El coste social de la industria sin chimeneas
El Día Mundial del Turismo se celebra cada 27 de septiembre con el propósito de concienciar a la comunidad internacional sobre el valor social, cultural y económico de la movilidad turística.
Mariano Aragón
Septiembre 2026
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La conmemoración se instauró en 1980 por lo que hoy se conoce como ONU Turismo (como dato curioso, Estados Unidos, miembro fundador, abandonó la organización unos años después) y en el primer trimestre de 2026, cerca de 307 millones de turistas viajaron internacionalmente, una actividad que representa alrededor del 3,5 % del PIB mundial.
Pero no hablaremos de cifras, ni del turismo que todos hacemos o soñamos en hacer. Hoy nos ponemos del lado de todas aquellas personas que hacen que sea posible la experiencia.

Lejos están los tiempos en los que hacer turismo era sencillamente viajar y visitar lugares más o menos alejados de donde vivimos, la variedad y opciones hoy en día son tantas como existen actividades de ocio, aficiones, intereses personales, etc. Así encontramos personas que viajan para hacer cicloturismo, cruceros en sus muchas formas diferentes, turismo rural, de aventura, deportivo, all-inclusives y otros muchos que sería imposible de enumerar aquí.
Es indudable el papel del turismo como generador de oportunidades laborales y de desarrollo en muchas comunidades.
Esto no significa que éstas sean óptimas desde una perspectiva social y muchos menos que sean positivas para todos. En este contexto los contrastes son enormes, llegando incluso a poner en duda si realmente esos volúmenes de visitantes siempre generan valor en algunos lugares (todos hemos escuchados los casos de ciudades europeas en las que el turismo provoca el efecto pernicioso de viviendas más caras e inaccesibles a los residentes de esos lugares, generando protestas y animosidad hacia el turista).
También son bien conocidos, los efectos perniciosos sobre el medio ambiente de algunos desarrollos urbanísticos, del turismo masivo en entornos naturales frágiles, de la huella de carbono de los medios de transporte que utilizamos para viajar.
Pero volvamos al impacto social… y no es algo que afecte exclusivamente en comunidades de un país remoto en Asia o África, ocurre en Colorado, Estados Unidos donde vivo desde hace varios años.
Y es que desde hace tiempo venía escuchando la paradoja de las zonas con estaciones de esquí, algunas muy exclusivas, y su coste humano de mantenerlas funcionando por las personas necesarias para mantener funcionando los supermercados, el café, el hotel, la construcción, los servicios públicos, etc. y las muchas dificultades de encontrar una vivienda asequible.
Si lo pensamos, algo similar a lo que mencionábamos antes, ciudades víctimas de su propio éxito como centros turísticos.
Son muchas las matizaciones que debemos hacer aquí, sin tratar de simplificar o minimizar la situación, es cierto que otros factores influyen en el caso de Colorado en el que fuera del turismo de lujo de temporada, también tiene un impacto notable el aumento del llamado nómada digital, el inversor en propiedades de lujo, la especulación inmobiliaria, etc. y en definitiva el enorme atractivo que tiene esta región privilegiada para personas de todas partes del mundo.
Caso de Frisco
Me propuse indagar más en este asunto, el coste social del éxito de las zonas de esquí en Colorado y me impresionó el alcance e impacto. Por ejemplo, hace uno meses salió en muchos medios el caso del pueblo de Frisco, quien habilitó una zona de aparcamiento, a un costo de $75 dólares al mes para trabajadores de la zona. El pago les otorga un espacio legal para estacionar y pasar la noche. ¿El requisito para que te permitan congelarte a temperaturas bajo cero?: presentar una nómina vigente que demuestre que trabajas en la zona.

El perfil de quiénes viven ahí no es el de personas desempleadas, sino enfermeros de urgencias, instructores de esquí, cajeros, conductores de quitanieves y personal de mantenimiento que simplemente no pueden pagar por alojamiento cerca de donde trabajan.
Otras iniciativas similares no han prosperado, en muchos casos motivados por la fuerte oposición de la población residente o restricciones municipales que impiden de hecho la existencia de estas fórmulas. En definitiva, gentrificación, precariedad y desajuste de la necesidad de mano de obra local y un entorno urbano incapaz de ofrecer acceso digno a la vivienda.
La supervivencia de estos pueblos del turismo de invierno depende de soluciones en las que los gobiernos, los propietarios de negocios y estaciones de esquí, así como todo el sector turístico, está intentando paliar. ¿Se conseguirá? Probablemente, pero tardará años.
Fotos: Mariano Aragón / Pexels / Creative Commos
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