Esa vecina curiosa con
4,500 millones de años
asomándose por la ventana

Cada año la NASA convoca a participar en la Noche Internacional para Observar la Luna, donde se une la curiosidad científica con la fascinación
que nuestro satélite ha despertado desde tiempos remotos.

Adriana Damián
Aguascalientes, Septiembre 2026
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La iniciativa invita a mirar la Luna con otros ojos: reconocer sus fases, descubrir los detalles de su superficie, conocer las misiones que ha explorado su territorio y acercarnos a la ciencia que explica su presencia en nuestras noches. La fecha se establece cada año de acuerdo con las condiciones más favorables para su observación y suele realizarse entre septiembre y octubre.

En 2026 el sábado 19 de septiembre es la cita para observar la Luna, justo a un año del fallecimiento de la astrónoma mexicana Julieta Fierro.

Pero esta celebración propone algo más que mirar un cuerpo celeste a través de un telescopio. Es una invitación para detenernos a contemplar y recuperar nuestra capacidad de asombro frente a algo que ha estado ahí mucho antes que nosotros. Y que seguirá acompañando a las generaciones que vienen, que nos pone frente a nuestra brevedad.

Además, es una oportunidad para recordar algo extraordinario sin importar el país, la lengua o la cultura, que millones de personas pueden contemplar al mismo tiempo la Luna. Un pequeño ejercicio de asombro compartido en un mundo cada vez más fragmentado.

En México, una opción para observar
la Luna es el enorme telescopio del
Observatorio-Planetario Hipatia
en Tepezalá, Aguascalientes.

En México, una opción para observar la Luna es el enorme telescopio del Observatorio-Planetario Hipatia en Tepezalá, Aguascalientes.

La luna no solo ilumina nuestras noches, su gravedad regula las mareas, ayuda a estabilizar el eje de la Tierra y ha servido como referencia para calendarios, cosechas, viajes y rituales durante miles de años tanto en ancestrales y avanzadas culturas.

Es el único cuerpo celeste visitado por seres humanos y al mismo tiempo uno de los más cercanos a nuestra vida cotidiana.

Sin embargo, su verdadera grandeza quizá no radique en los datos científicos, sino en su capacidad de inspirarnos, su brillo ha guiado a navegantes, acompañado viajeros, inspirado poemas, canciones, leyendas y preguntas que aún siguen hoy despertando nuestra curiosidad.

Cada generación ha encontrado en ella una historia distinta, un símbolo, una compañía silenciosa en la inmensidad de la noche.

La luna es como una bala de cañón que se mueve muy rápido

Así explicaba la astrónoma mexicana Julieta Fierro con la sencillez que le caracterizó su labor como divulgadora. Ella también decía que le gustaba verla como una vecina curiosa, siempre presente e influyendo en las mareas, los calendarios y en nuestra imaginación.

Quizá por eso mirar la Luna siga siendo un acto tan poderoso. Su luz ha sido testigo de nuestra historia sin formar parte de ella y al mismo tiempo ha formado parte de la historia de cada uno de nosotros. Porque la Luna es generosa. Nos visita a todos, nos brinda su luz, su brillo, nos acompaña en noches de celebración y hasta en la fiesta furtiva; en la calma, y en el duelo; en el sueño y en los sueños, en el amor, en la despedida y en la llegada de una nueva vida. Está también en ciudades y caminos, sobre campos y océanos, en la estrechez del espacio breve y en la inmensidad del desierto.

Una misma Luna para tantas vidas. Una misma luz que nunca nos abandona, noche tras noche, llega puntual al encuentro con todos.

Fotos:Estarbien / Wikimedia

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de ciencia ficción
ambientada en la Luna que llegó a la pantalla grande: